María Salcines ha tenido, desde muy pequeña, una personalidad muy independiente. Ha hecho siempre lo que le ha dado la gana.
De niña, curiosa y exploradora, soltándote la mano para literalmente perderse por el paseo de San Lorenzo caminando sin rumbo y sin miedo, siempre hacia delante, hablando con lengua de trapo con las personas que se le cruzan, con cualquiera. Acariciando (agarrando contra su voluntad mejor dicho) a gatos, perros, conejos, lagartijas, mariquitas y cualquier otro bicho que osase ponerse cerca. Cuestionándolo todo y a todos.
Esa frescura y esa independencia que la han llevado lejos del entorno cercano familiar, a buscar su futuro en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Alcoi, donde ha estudiado Ilustración y después, más ambiciosa, acabará Diseño Gráfico.
Con esa empatía que la caracteriza ha sabido rodearse de buenos amigos, algunos de los cuales también míos (no sé si por respeto o por pena). Variopintos amigos, no importando raza, sexo ni religión, como debe ser.
Ella ha sido la culpable de mi afición obsesiva por la caligrafía, un hobby que ha ocupado casi la totalidad de mi tiempo libre desde hace casi dos años. Desde unas navidades que apareció con un cartapacio lleno de ejercicios de caligrafía.
Y ahora su familia, esperamos sus esporádicas visitas con ilusión.
Agradecimientos
Mi más absoluta gratitud a Diamar Artés, fotógrafa profesional y diseñadora gráfica de Gandía, que ha permitido muy amablemente el uso de esta fotografía de su propiedad para ilustrar este post.Puedes (debes) seguir su trabajo en
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